
Las crónicas del Atlético son un reto constante. Cuando piensas que ya lo has visto todo, el 'Pupas' (lo siento para el que le moleste, pero lo de este equipo roza el surrealismo) supera todas las previsiones y te sorprende con un más difícil todavía. Pese al agitado ambiente previo, la afición estuvo con el equipo en una especie de tregua, pero ni así consiguieron llevarse una sonrisa a casa.
Y eso que, pese a los sustos iniciales, el equipo presentó otra cara. Comenzó a controlar el choque, aunque llegaba tímidamente. Entonces Forlán le puso la zanahoria a Soriano, que cayó en la trampa. El almeriense cometió penalti. Pero cuando las cosas no funcionan ni siquiera el Bota de Oro te sirve para salir del aprieto. El uruguayo lanzó fuera la pena máxima y el Calderón pensó en los peores augurios.
Forlán falló un penalti en la primera mitad que él mismo forzó.
El Atlético trató de recomponerse del error, pero Sinama se tropezó cuando encaraba a Alves y en la contra Piatti adelantaba a los visitantes. Demasiado para un equipo herido de muerte. Crusat, que sacó los colores a Perea y confirmó, por si aún hay algún despistado en la directiva que siga pensando que no hacía falta un lateral derecho, que la banda diestra de la zaga atlética es un chollo para los extremos, se fue como Pedro por su casa y puso en bandeja el 0-1 al argentino.

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