
El Real Madrid hizo lo que se esperaba que hiciera, ganar al Valladolid sin jugar bien. Lo consiguieron los blancos con apuros ante un rival que en ningún momento le perdió la cara al partido. Sólo los errores defensivos castigaron a los de Mendilibar, que perdieron de vista a Raúl al principio del partido y se encontraron con una losa de dos goles muy difícil de levantar.
Con Cristiano Ronaldo en la grada y Kaká en el banquillo, se esperaban noticias de Benzema pero al final el protagonista terminó siendo el capitán blanco, astuto siempre para infiltrarse entre los defensas sin ser detectado. En el 13', Granero entró por la derecha y Raúl se sacó de la chistera un remate con el exterior en una posición extraña para rematar. El balón le obedeció y terminó en las redes. Cinco minutos después se repitió la historia con distinto asistente. Marcelo entró por la izquierda con velocidad y dejó al centro para que Raúl marcara otro gol. Era su partido 711 de blanco, nadie en la historia ha jugado tantos y lo quería celebrar. Volvió a ser a costa del Valladolid, la víctima preferida de Raúl.
La redención de Marcelo
Encarrilado el partido, el Madrid se echó a dormir hasta que le despertó de golpe el golazo de Nauzet Alemán de libre directo. El balón tocó en el poste junto a la escuadra y se coló. Imparable. El guardameta blanco inspira a los jugadores del Valladolid. Hace dos temporadas, Pedro López también le marcó el gol de su vida. Los merengues comprendieron que el Valladolid no iba de farol. No estaban los visitantes dispuestos a llevarse siete como en otras temporadas y se dedicaron a complicarle la vida a un Madrid espeso, con Benzema perdido y Van der Vaart buscándose. El holandés estuvo a punto de lograr el tercero, pero su remate se marchó fuera por poco.
Con el tiempo cumplido, apareció Marcelo para hacer propósito de enmienda tras su mal partido en Sevilla con un buen gol al estilo Roberto Carlos. Se abrió de la izquierda hacia el centro y remató con potencia ante un Jacobo que se llevó cuatro sin enterarse. Si la primera parte del Real Madrid había sido regular, la segunda fue rotundamente mala. El gol de Marquitos en el 53' tiño de gris el Bernabéu, que vio a su equipo se le hacía eterno el partido ante un rival que amenazaba con amargarle la tarde a los locales.
Higuaín se gustó
No lo vio claro Pellegrini y, tras aguantar más minutos de lo aconsejable, recurrió a Kaká e Higuaín como acicate. El argentino le respondió con un golazo de vaselina tras un gran pase de Xabi Alonso que sirvió para amarrar la victoria. Quedaban diez minutos pero, en lugar de rendirse, el Valladolid lo siguió intentando. A punto estuvo Diego Costa de hacer el 4-3. Si así hubiese sido, la película hubiese sido de suspense.
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