Julián Simón cumplió uno de sus sueños. El toledano se proclamó campeón del mundo de 125cc tras una temporada casi perfecta en la que subió al podio en casi todas las carreras. Su regularidad fue una de las claves de su éxito. Pero también su pilotaje y su concentración, a pesar de que tuvo algún despiste.Atrás queda su difícil decisión de bajar de categoría, de dejar el cuarto de litro por volver al 125. Jorge Martínez Aspar le ofreció una moto de garantías y él no lo desperdició. Ahora ha unido su nombre a otros mitos del motociclismo español como Alex Crivillé o Ángel Nieto.
Ahora Simón podrá pilotar las dos últimas carreras sin presión y con la satisfacción de un trabajo bien hecho. Y pasear su título por Malasia primero y, como gran colofón, dedicar el título mundial a la afición española en Valencia antes de dar el salto a la nueva categoría de Moto2.

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