Las invasiones son historias que por muchas razones pueden dar ignición a un sentimiento renovado a cualquier lector o televidente. El fenómeno de una fuerza que azota lo preestablecido siempre ha sido una gran maniobra en el mercado del entretenimiento, sea literario o audiovisual. El espectador o lector siente los ojos invadidos (metafóricamente hablando) de novedad, y es difícil que al menos al comienzo, hasta el más prevenido y escéptico no se sienta de alguna manera abordado por la idea. Sucede que la invasión es un género que bien usado, siempre implica sorpresa. Porque la amenaza arriba a todos los frentes.Ahora bien: NXT (ahora llamado Nexus, para distinguirlo del programa de TV) invadió la WWE desde hace algunas semanas, y desde entonces han encontrado la forma de prolongar su sensación de novedad. De alguna extraña manera, la WWE ha encontrado la forma de hacernos estallar con siete desconocidos que hasta hace pocos meses, apenas y se distinguían entre sí. Y de repente, hoy esos mismos siete son vendidos al público como amenazas merodeando a las estrellas de la WWE (los mismos que hace no mucho tiempo, los pros vencían facilmente).
Ahora bien, si nos remitimos a la historia, la invasión más célebre del mundo de Wrestling moderno anglosajón, es la de WCW/ECW contra la WWE/F. Particularmente en este caso, ocurrió una singularidad: la falta de poder estelar de la facción invasora, llevó a insertar a Stone Cold (un luchador de la WWE) en el grupo como líder del grupo extranjero, lo cual no solo desfiguró aún más el sentido de la invasión, sino que resaltaba la falta de grandes nombres en la organización de caos que venía a corromper el orden de la WWE. Para muchos, la falta de impacto de aquella historia se debió a esta cuestión. Esta gente que era muy profesional, no tenía suficiente poder estelar para llevar en sus hombros el sentido de una invasión. Muchos años después, WWE ensaya la misma historia, con este grupo de personajes sin antecedentes profesionales.

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