
De bien nacidos es ser agradecidos. Ante Osasuna lo fue Carvalho con Mourinho, el técnico al que lleva defiendo casi toda su carrera. Oporto, Chelsea y ahora el Real Madrid por expresa petición del entrenador luso.
El central es de su total confianza, y no es de extrañar. Además de cumplir su trabajo a la perfección marcó el gol del triunfo ante los rojillos acompañando una jugada de Ozil por la izquierda. Cristiano falló ante Ricardo y Carvalho cazó el rechace y tres puntitos que a la parroquia madridista le supieron mejor después de la derrota del Barça. El juego sigue sin encandilar pero parece que la fórmula Mou da resultado.
Algo debió de decirles el portugués a sus jugadores en el descanso porque, tras una primera parte que aburrió a las ovejas, los blancos salieron enchufados en la segunda parte. Al gol de Carvalho en el minuto 48 le sucedieron los mejores minutos de los madridistas, incapaces de matar el partido de forma definitiva ante un inspirado Ricardo.
El meta de Osasuna fue de largo el mejor de su equipo. La víctima fue Higuaín, que falló hasta tres ocasiones claras para hacer el segundo. No estuvo fino el Pipita y tampoco Cristiano, demasiado ansioso a veces, demasiado egoísta otras. Su reaparición tras la lesión en el tobillo no fue afortunado.
Aplausos para Ozil
Quien sí estuvo bastante acertado fue Ozil, que se ganó la ovación de la noche al ser sustituído. Se le vio suelto y dejó detalles de gran jugador que gustaron en un Bernabéu que todavía sigue esperando que Benzema rompa el cascarón. El francés participó más que en otras ocasiones pero sigue sin mostrar el perfil de 'killer' que se le presupone.
Pese a lo ajustado del marcador, Osasuna no dio nunca la impresión de poder empatar. Su bagaje ofensivo fue prácticamente nulo tanto con Aranda como con Pandiani y Masoud. Cero goles en dos partidos dan fe de la escasa pólvora con la que trabaja Camacho.
Cero goles en dos partidos son también los números del Madrid en defensa. Parece que, ahora sí, Casillas puede decir eso de "me siento seguro". La pareja de centrales portugueses ofrece garantías y los laterales ya no suben tanto. Paradójicamente, tuvo que ser un central quien marcase el primer y único gol de la era Mourinho. Fue Carvalho, su hombre de confianza, quien le evitó un marrón.

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