El Sevilla sufrió para resucitar en su casa después de dos encuentros que dejaron que desear en Mallorca y Getafe (3-2). Los de Manzano se llevaron un partido pasional, de locos, que tuvo de todo. Los nervionenses golpearon muy pronto dos veces, con goles de Rakitic y Negredo, y acabaron sufriendo por culpa de un Villarreal que nunca se resignó y que acarició el empate. Marchena acortó distancias, Romaric puso el 3-1 y Rossi hizo el último gol en un partido sin respiro y que acabó dejando para el recuerdo la aparición de más balones dentro del campo con el encuentro en juego. Lo que se vio en La Romareda se repitió en el Pizjuán.
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